
EZEQUIEL OLIVIER, EL PILOTO QUE PASÓ DE FUMIGAR CAMPOS EN DIEGO DE ALVEAR A COMBATIR INCENDIOS EN CHIPRE
Fernando ReynosoUn inesperado correo electrónico cambió el rumbo de su carrera y hoy trabaja como piloto forestal en Europa.
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La historia de Ezequiel Olivier comenzó mirando aviones desde Diego de Alvear y hoy continúa a miles de kilómetros de su pueblo natal, sobrevolando las montañas de Chipre al mando de un Air Tractor AT-802 para combatir incendios forestales.
Olivier tiene 49 años y una extensa trayectoria vinculada a la aviación. Su llegada a la isla del Mediterráneo, sin embargo, tuvo un comienzo inesperado. Mientras viajaba por ruta 8, a la altura de Carmen de Areco, recibió un correo electrónico y decidió detenerse en la banquina para leerlo.
El mensaje contenía un pasaje de avión a su nombre con destino a Larnaca, Chipre. Como no sabía dónde quedaba, buscó la ciudad en Google Maps y llamó a la empresa pensando que podía tratarse de un error. La respuesta fue concreta: debía viajar al día siguiente y permanecer seis meses.
Con menos de 24 horas para organizar su vida, preparar una valija y despedirse de su familia, emprendió un viaje que demandó tres vuelos y alrededor de 26 horas entre traslados y escalas. Lo que inicialmente iba a ser una experiencia laboral por algunos meses ya lleva tres temporadas.
La relación de Olivier con los aviones comenzó durante su infancia en Diego de Alvear. A los 16 años y nueve meses inició el curso de piloto privado en Venado Tuerto. Viajaba dos veces por semana hasta el aeródromo y en 1994 obtuvo su licencia.
Posteriormente se instaló en Buenos Aires, trabajó en Telecom y Aerolíneas Argentinas mientras continuaba su formación como piloto comercial. En 1999 obtuvo además un título universitario en aviación comercial.
Actualmente cuenta con más de 3.000 horas asentadas formalmente en su libro de vuelo, aunque estima que su experiencia real supera las 6.000 horas.
Gran parte de ese recorrido profesional se produjo en la aeroaplicación. En 1999 comenzó su formación en esta actividad y trabajó en Entre Ríos con aeronaves como Cessna 182, Piper PA-18 y Pawnee 235.
Eran tiempos en los que todavía no estaba extendido el uso del banderillero satelital. Los lotes podían localizarse mediante planos dibujados a mano y, cuando era necesario, algún conocedor de la zona subía al avión para orientar al piloto desde el aire.
Con el paso de los años, Olivier completó 26 campañas de aeroaplicación y voló en distintos puntos de Argentina. Esa experiencia acumulada cerca del terreno terminaría siendo fundamental para el nuevo rumbo que tomó su carrera.
Antes de llegar a Chipre, Olivier recibió una propuesta de una empresa canadiense y, casi al mismo tiempo, apareció la posibilidad de comenzar su adaptación al Air Tractor AT-802 para trabajar en el combate de incendios forestales.
Eligió esta última alternativa y comenzó su capacitación para intervenir frente al fuego.
Actualmente opera en Chipre con un Air Tractor AT-802, una aeronave capaz de transportar más de 3.000 litros de agua o retardante y equipada con una turbina de más de 1.450 HP.
Según explica el piloto, los años de aeroaplicación le permitieron desarrollar una relación particular con la aeronave, aprendiendo a interpretar sus movimientos, la velocidad y las condiciones del terreno. En los trabajos sobre cultivos podía pasar buena parte de la jornada volando a unos dos metros del suelo.
El escenario forestal presenta otros riesgos. Durante cada operación debe prestar atención a montañas, árboles, cables, antenas, torres de alta tensión y molinos eólicos, elementos que pueden quedar ocultos detrás del humo.
A esto se suma una de las maniobras centrales de cada intervención: el avión puede liberar alrededor de 3.000 kilos de carga en apenas un segundo y medio para luego recuperar altura.
Durante la temporada de incendios, la actividad comienza temprano. A las 6.30 las tripulaciones ya están en movimiento y a las 7 deben encontrarse en condiciones de despegar.
Dependiendo del nivel de alerta, los pilotos disponen de cinco, diez o quince minutos para partir. Cuando reciben la orden, cuentan con las coordenadas del incendio y se dirigen hacia el lugar.
Una vez sobre la zona afectada, los dos aviones realizan vuelos de reconocimiento para evaluar el avance de las llamas, las características del terreno y los posibles obstáculos antes de definir dónde efectuar las descargas.
Segundos antes del lanzamiento, el piloto activa una sirena, verifica el sistema de descarga y comunica por radio a los bomberos que trabajan en tierra que en aproximadamente 20 segundos caerá el agua o retardante. La advertencia permite que el personal pueda apartarse del sector.
Su primera intervención ocurrió apenas tres días después de llegar a Chipre. A las dificultades propias del operativo se sumaba un territorio que todavía no conocía y un esquema de comunicaciones en distintos idiomas: inglés con las torres de control, conversaciones en griego y coordinación en español con otro piloto argentino.
Con el paso del tiempo, aquello que inicialmente resultaba complejo terminó convirtiéndose en parte de la rutina.
Parte de su trabajo se desarrolla desde la base aérea de Akrotiri, un territorio británico ubicado en el sur de Chipre. Allí comparte espacio con aviones, helicópteros, drones y aeronaves de carga dentro de una infraestructura que cuenta con hospital, escuelas, espacios deportivos, estación de servicio y cuartel de bomberos.
En estos años también participó de operaciones particulares, entre ellas un vuelo en formación sobre la residencia del gobernador británico. La misión incluyó un helicóptero al frente y dos Air Tractor detrás, con sirenas y luces encendidas.
Para aquel joven que había comenzado su vínculo con la aviación mirando los aviones desde Diego de Alvear, se trataba de un escenario difícil de imaginar cuando inició su carrera.
Uno de los mayores desafíos llegó con un incendio de gran magnitud que afectó a Chipre. Fueron cinco jornadas consecutivas de trabajo desde las primeras horas del día hasta el atardecer, con escasa visibilidad, poblaciones de montaña cubiertas por el humo y numerosas aeronaves y helicópteros operando simultáneamente.
En otro episodio, las llamas alcanzaron más de 30.000 hectáreas y las tareas aéreas se extendieron durante una semana.
Olivier evita presentar ese trabajo como un acto de heroísmo. Para él, la prioridad pasa por respetar los procedimientos, colaborar con quienes combaten las llamas desde tierra y mantenerse dentro de los márgenes de seguridad.
“Aquí no venimos con el traje de héroe”, sostiene.
En Chipre son tres los pilotos argentinos que participan de estas tareas: Ezequiel, Martín y Leandro, este último oriundo de Pergamino. También trabajan profesionales provenientes de Chile, España, Grecia, Francia, Inglaterra, Australia y otros países.
La convivencia reúne idiomas, experiencias y formas diferentes de trabajar, aunque también hay lugar para algunas costumbres argentinas, como los asados, el café y el mate.
Para Olivier, la experiencia previa de los pilotos argentinos en aeroaplicación representa una herramienta importante a la hora de operar este tipo de aeronaves y trabajar en terrenos complejos.
Otro aspecto fundamental es el manejo del inglés operacional de aviación, necesario para comunicarse con las torres de control y coordinar movimientos dentro de espacios aéreos donde coinciden aeronaves de diferentes características y procedencias.
Después de tres temporadas, Olivier considera que la experiencia acumulada le permitiría trabajar en otros lugares del mundo y valora especialmente la posibilidad de compartir conocimientos con pilotos forestales de distintas nacionalidades.
La distancia también tiene su costo. Extraña a su familia, los amigos y los encuentros alrededor de un asado. Sin embargo, aquella isla que tuvo que buscar en Google Maps cuando recibió inesperadamente un pasaje de avión terminó transformándose en un lugar especial para él.
Desde Diego de Alvear, pasando por los campos argentinos y las 26 campañas como aeroaplicador, Ezequiel Olivier construyó una trayectoria que hoy lo encuentra a miles de kilómetros de su lugar de origen, combatiendo incendios desde el aire en pleno Mediterráneo.
“Encontré mi lugar en el mundo”.
*Con información de Pergamino Virtual



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